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Eau de Lanzarote: calas, playas y piscinas naturales para este verano

“La felicidad era esto”. “Ensalitrados se vive mejor”. El 25 de mayo de 2020 no fue un lunes cualquiera. Después de dos meses, volvimos a bañarnos en el Atlántico. Rastrillamos el mar con el cuerpo sediento, dejando estelas efervescentes de burbujas saladas. Hoy te traemos una pequeña guía para que disfrutes los tesoros que esconden las playas de Lanzarote.

Si la tonificación de los músculos hiciese algún tipo de sonido, la atmósfera de Lanzarote se hubiese llenado de un tintineo reconfortante.

Los tobillos de los bañistas se desinflamaron. Las pantorrillas, que llevaban una temporada prietas y estresadas, se relajaron. ¡Qué felicidad regresar al caldo primitivo!

¿Qué playa elegir? ¿Arena o piedra? ¿Qué rumbo tomar? ¿A qué hora? Te ayudamos a elegir.

Calma, snorkel y biología marina

Bañarse junto a un pepino de mar o admirar las manchas azules iridiscentes de una fula negra es posible para el pueblo llano nadador. No hace falta ser David Meca ni adentrarse en lo hondo. Uno puede ir con bañador, niñas y niños.

En la pequeña playa del Ancla, en el pueblo de Las Caletas, podrás hacerlo con seguridad, porque estarás protegido de las corrientes por un rompeolas. También se le conoce popularmente como la playa del Rey, porque estas mismas aguas son las que bañan, apenas a 400 metros de distancia, la residencia real La Mareta, propiedad de Patrimonio Nacional y en cuyo diseño participaron César Manrique y Fernando Higueras.

Lo verdaderamente regio de esta playa de arena y piedra son sus aguas turquesa/azul marino y las especies que nadan entre las rocas del acantilado, como las viejas coloradas (peces loro) que exhiben su precioso cuerpo carmesí. Conviene llevar escarpines para que la entrada al agua sea más cómoda.

Otra cala pequeñita, con escaparate de peces y con bastante más arena, está en Puerto del Carmen y se llama Playa Chica. No es raro ver buceadores con sus neoprenos y sus bombonas de oxígeno adentrándose hasta mayores profundidades que exhiben todavía mayor biodiversidad marina.

Hace dos siglos, los charcos y las piedras afiladas que enmarcan esta postal playera servían para estrujar las plantas de la barrilla y hacerles soltar las semillas. Esta especie vegetal fue uno de los motores de la economía lanzaroteña en el siglo XVIII, porque de sus cenizas se obtenía la sosa para la elaboración de jabón en la industria británica y francesa. Si lees “Pila de la Barrilla” en un mapa o en los labios de un local, se está refiriendo a este playita de visita imprescindible.

¡Asalvajarse!

Que se acabe el mundo… y que te pille aquí.

La playa de Janubio es montaraz. Una de las más bravas. Un sitio que no se puede subestimar. Su bandera roja es perenne: ni siquiera hace falta mirar el color de la advertencia textil, basta poner un pie en la orilla negra para notar el fuerte oleaje.

Detrás: el rosario de volcanes de Timanfaya. Delante: acantilados de basalto negro labrados por el brutal encuentro de la lava derramada en el marLos atardeceres son épicos. Estamos además en un antiguo Puerto Real y en uno de los lugares de interés geológico que tiene Lanzarote, con una laguna costera cerrada por las erupciones de 1730.

Del oeste, al norte. Ahora toca visitar una de las escondidas joyas de la reino playero conejero. La playa Bajo el Risco es la recompensa final para los senderistas capaces de descender por una vereda de gravilla en zigzag y subir de nuevo salvando el desnivel del acantilado de Famara. No hace falta estar federado, pero sí tener una forma física mínimamente aceptable y carecer de vértigoEl sendero tiene una dificultad alta y puede resultar peligroso.

Son las condiciones que impone el Camino de Los Gracioseros, que comienza en el pueblo de Ye y era transitado el siglo pasado por las inconmensurables mujeres de La Graciosa que transportaban cestas de pescado fresco y productos del campo sobre sus cabezas. Pensar en ellas al recorrerlo nos pone en nuestro sitio. Abajo, toca bañarse en un mar de aguas turquesas, abrigados por los 700 metros del risco de Famara, aislados de todo trajín y con la mirada puesta en el pirático perfil de La Graciosa. Merece toda la pena y exige crema solar, gorro, playera con agarre y buen tiempo.

¿Que no estamos dispuestos a tragarnos una cuesta? Famara. Llueva, truene o haga sol: Famara. Aquí el spray marino fecunda el cerebro y abre mundos nuevos. Es una impresionante playa de 4 kilómetros con el risco de Famara como horizonte y el pueblo pescador y surfero de La Caleta como posible final gastronómico para el baño. El nado en Famara debe reducirse a unos cuantos chapoteos porque la bandera roja persiste todo el año. Es una playa expuesta al oleaje del Norte, para bien y para mal.

Las corrientes bendicen la práctica del surf pero la convierten en uno de los sitios más peligrosos para el baño. Con la bajamar ofrece unas arenas esponjosas y deliciosas para saltar, correr, dibujar con los pies, hacer yoga, leer o pensar en la vida con renovadas perspectivas. Aquí nace el corredor de jable que alimenta con ricas arenas de origen marino la agricultura desértica del interior.

Piscinas naturales, con y sin escalera

El primer baño de la temporada en los Charcones de Janubio es un antes y un después. El salitre se le mete a una hasta lo más hondo del tuétano. Estamos en el sur de la isla, entre Pechiguera y Janubio, camino a ninguna parte. En la mochila no faltan los escarpines y el tentempie (e nyesquito en canario) porque vamos a bajar al encuentro del mar sin escalera ninguna y lo vamos a hacer en su terreno.

Aquí el océano llena de agua clara las pozas de origen volcánico y los pequeños charcos con callaos de piedra del acantilado, así que es fundamental tener muy presentes el horario de la pleamar y la bajamar para darse un baño pletórico. Es un rincón idílico, pero peligroso, sólo apto para bañistas ágiles y conocedores de las mareas.

En el precioso pueblo de Punta Mujeres, las piscinas naturales están abrigadas y pensadas para la comodidad humana. Hay varias escaleras metálicas que nos permiten zambullirnos en el sitio adecuado: una piscina cerrada, perfecta para chinijos y gente que huye del oleaje, otras más expuestas al oleaje, que comparten espacio con barquillas de pesca. Unos rejos de pulpo para callar el hambre de después en restaurantes del pueblo y a gozar.

Otra joyita para el baño zen es la piscina de la Casa China de Arrieta, mansa y extendida a los pies de un chalet construido por un vecino de Haría para que su hija pudiera disfrutar de la brisa marina y recuperarse de una enfermedad respiratoria. El nombre original de la casa es Casa Juanita, en honor a la pequeña.

No muy lejos de este pueblo, que tiene una oferta de restauración espectacular, podemos coger la LZ1 y apearnos en alguno de los aparcaderos de Caletón Blanco para bañarnos en sus aguamarinas.

Es un paisaje de belleza abrumadora por el contraste entre la lava negra que emitió el volcán de La Corona hace 20.000 años y las arenas blanquísimas de origen orgánico: formadas por millones de conchas trituradas por el paso del tiempo. Merece la pena fijarse en los colores y las formas de las plantas de este marciano hábitat.

Calas naturistas y de feliz convivencia

Si practicas el nudismo, vivirás feliz tus días en Lanzarote. El Charco del Palo es uno de los lugares donde la gente se deja la ropa en casa y se baña, pasea, saca al perro y compra en el súper con el cuerpo desnudo.

Hay tres piscinas con socos (medialunas de piedra que protegen del viento) donde el baño es tan refrescante como seguro. En ningún sitio pone “prohibido bañarse con bikini o bañador”, claro, pero es raro ver esas prendas en esta zona de baño. Cuando las hay, la paz está garantizada.

En el Barranco del Quíquere, en Tías, conviven nudistas y textiles con total naturalidad. Una escalera de piedra garantiza un sencillo descenso de 15 metros hasta las piscinas naturales. Para el que quiera completar deportivamente el día, se pueden ascender las escaleras de vuelta y seguir caminando por un hermoso paseo de kilómetro y medio que nos lleva hasta Puerto Calero.

Imposible terminar la lista sin incluir la paradisiaca Caleta del Congrio, en Papagayo, también mixta y en pleno Monumento Natural de los Ajaches. Aquí es donde empezó a aflorar la isla hace 15 millones de años. El Papelillo, al final de la playa de Famara, también es una zona mixta donde conviven nudistas, textiles y surferos.

 

Gimnasio al aire libre

Sin cloro y con máxima flotabilidad. Las playas de Lanzarote constituyen una alternativa de lujo a la natación en piscinas artificiales los 365 días del año.

El Reductola playa urbana de Arrecife acaba de reeditar su Bandera Azul y es una zona de encuentro familiar y entrenamientos de natación en aguas abiertas que se extiende hasta el Castillo de San Gabriel, pasando por los pantanales del Parque Islas Canarias y el Muelle de la Pescadería.

El Jablillo y Playa Bastián, en Costa Teguise, o Playa Grande, en Puerto del Carmen, son dos buenas opciones para lanzarse a hacer croll. Todas ellas son estupendas para un día de playa con niños.

No se nos enfaden si no ven su playa favorita en la guía. Hay tantas y tan excepcionales que se nos acaba el post sin reseñarlas todas. Para analizarlas en su totalidad, pueden visitar nuestro directorio de playas y buscar la que quieran, por municipio, por tipo de oleaje o de arena.

Sea donde sea, el mar nos da la vida: la natación, la conquista de los rayos de sol, la observación de animales marinos, los castillos de arena, el enyesque de hamaca, la lectura a la sombra de una palmera o el descanso absoluto envuelto en brisa marina.

¡Nos vemos en la orilla!

 

Fuente: turismolanzarote.com